La evidencia científica demuestra que una alimentación rica en alimentos ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas trans favorece la inflamación y se asocia con un mayor riesgo de enfermedades crónicas.
Por Dra. Wandy Mejía. Nutrióloga Clínica, Obesidad, Nutrición Infantil especializada en niños mal comedores, Autismo, TDAH/ @wandymejiat
Una alimentación saludable desde la infancia, junto con un estilo de vida activo, puede favorecer el desarrollo cerebral, proteger la memoria y disminuir el riesgo de deterioro cognitivo a lo largo de la vida.
El cerebro es el órgano que dirige prácticamente todas las funciones del organismo. Según la Cleveland Clinic, controla los movimientos, la memoria, las emociones, el pensamiento, el apetito, la respiración y la temperatura corporal, entre muchas otras funciones esenciales.
Debido a su complejidad, necesita recibir nutrientes adecuados desde las primeras etapas de la vida. Una nutrición deficiente durante el crecimiento puede afectar el desarrollo cerebral y tener repercusiones sobre el aprendizaje y el rendimiento cognitivo.
Hoy sabemos que la relación entre alimentación y cerebro va mucho más allá del aporte de energía. El eje intestino-cerebro es un sistema de comunicación bidireccional entre el sistema nervioso y el tracto gastrointestinal.

La microbiota intestinal desempeña un papel fundamental en este proceso y el intestino produce aproximadamente el 85 % de la serotonina del organismo, una sustancia que participa en la regulación del estado de ánimo, el sueño, el apetito y otras funciones fisiológicas.
La evidencia científica demuestra que una alimentación rica en alimentos ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas trans favorece la inflamación y se asocia con un mayor riesgo de enfermedades crónicas.
Por el contrario, una alimentación basada en alimentos frescos y mínimamente procesados contribuye a mantener una mejor salud cerebral.
Entre los nutrientes con mayor respaldo científico destacan los ácidos grasos omega-3, presentes en pescados grasos, nueces y semillas; los antioxidantes, abundantes en frutas y vegetales, que ayudan a proteger al cerebro del estrés oxidativo; y las vitaminas del complejo B, especialmente la vitamina B12 y el ácido fólico, indispensables para el adecuado funcionamiento del sistema nervioso.
Entre los patrones alimentarios, la dieta mediterránea y la dieta MIND son los que cuentan con mayor evidencia científica para proteger la salud cerebral.
La dieta MIND combina principios de la dieta mediterránea y la dieta DASH, promoviendo el consumo de vegetales de hoja verde, otras verduras, frutos rojos, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva, pescado y frutos secos.
Diversos estudios han demostrado que una mayor adherencia a este patrón alimentario se asocia con un menor riesgo de deterioro cognitivo y de enfermedad de Alzheimer, la causa más frecuente de demencia en el mundo.
Cinco hábitos para cuidar el cerebro
Consuma frutas y vegetales todos los días, especialmente vegetales de hoja verde.
Incluya pescado, legumbres y frutos secos de forma regular.
Limite el consumo de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas.
Realice actividad física con regularidad y procure dormir entre siete y nueve horas cada noche.
Mantenga su mente activa mediante la lectura, el aprendizaje de nuevas habilidades y la interacción social.
La salud cerebral se construye todos los días. Cada comida, cada hora de sueño y cada hábito saludable representan una inversión en nuestra capacidad para pensar, aprender, recordar y disfrutar de una mejor calidad de vida.
Esta columna es la sección educativa de la Sociedad Dominicana de Nutrición Clínica y Metabolismo. Escríbenos a: articulos@sodonuclim.org / @sodonuclim.





